Sunday, August 16, 2015

TREN AL SUR


 TREN AL SUR

Este es el musical de Camilo Rasquin, mi hijo, quien después de graduarse de músico y obtener un master como cantante lírico decidió contar su historia, una historia que no es distinta a la que viven miles de inmigrante en Estados Unidos.  Se pierde y se gana, se aprende y se crece. Esa es la vida con sus victorias y derrotas.
Te invito a que nos ayudes a llevar hacia adelante este proyecto que se esterana el 18 en el Teatro Aguijón de Chicago, ubicado en   2707 N Laramie Ave, Chicago, IL 60639

Puedes ver el video de presentación en facebook. Camilo Rasquin o Leda Santodomingo.

Gracias

Friday, July 31, 2015

Juntos pero no revueltos

Ni para mis abuelos, ni para mis padres era una preocupación saber dónde vivirian  cuando se hicieran grandes. Sabían que la gente mayor tenía un lugar importante en la familia. A nadie se le  ocurriría  pensar en llevarlos a un lugar de reposo, especialmente cuando ya no pudieran  valerse por sí mísmos.

Son valores tan arraigados en nuestra cultura que algunos hijos después de emigrar, no se sienten  completos hasta que no se traen a su mamá,  a vivir con ellos y sus nietos, todos bajo el mísmo techo.

Mis amigas recientemente hablaron del tema, adoran a sus hijos, pero no quieren ser una carga, perder su  independencia, vivir arrimadas, ni que todos decidan por ellas. Lo malo es que tampoco quieren quedarse solas.

Por eso están hablando de  alquilar un edificio, que  cada quien tenga su apartamento, estar juntas, pero no revueltas.

Otras plantean volver a los tiempos de la universidad, buscar una casa, compartir todo,  construir una  familia de gente mayor, en donde todos entiendan las necesidades del otro y   nadie se sienta sólo.

Como tengo pareja en este plan, por ahora, no me incluyo, pero  en  mis años dorados también quiero  seguir compartiendo con gente de mi edad y con  los mismos intereses. Es lo que escogieron  mis suegros, vivir en una comunidad para “mayores”, con todo lo que necesitan sin salir de la cuadra.

Cada Viernes, una de las parejas cocina, ven películas, juegan cartas, van a la playa, comparten sus años dorados sin prisa.

Si eres feliz viviendo con hijos, nietos, nueras y yernos, seguramente así querrás terminar tus dias, pero si como mis amigas, siempre viviste sóla, organíza tus ingresos, para que mientras puedas, sigas decidiendo tú, hasta el último suspiro.

No tengo planes de volver a criar

Cuando mi hija se comprometió con un muchacho que tenía un hijo, me preocupó el hecho de que el amor  la convertiría en madrastra.

Con el tiempo yo también me gané ese título, pues al igual que mi hija me enamoré de un hombre con hijos de una pareja anterior.

Si criar  hijos propios es dificil, imagínense los de otro.

La relación con la pareja anterior se termina, pero la de los hijos jamás y si viven contigo quieras o no tendrás que volver a criar y a educar al padre y a sus hijos para que las cosas en tu casa funcionen más o menos como lo deseas.

A mi, después de criar los mios, y ser abuela de tres, me está tocando dos hijas nuevas, una adolecente y una estudiante de college. Ninguna de las dos vivian con su papá.

A las semanas de instalarnos en nuestra casita nueva, la adolecente tuvo un pleito con su madre,( cosa normal entre ellas) pero en este caso, un cuarto  limpio en un hogar organizado era una tentación dificil de despreciar, así que llegó la primera con maletas y peluches. “ temporalmente”.  Luego la grandesita,  al terminar el semestre  también se mudó con nosotros.

 Están felices las hermanitas en la “casita” de papá, en donde se les quiere, complace y atiende como visita. No pagan por nada y los desastres de cada cuarto se ocultan cuando se cierra la puerta. Todo es tan perfecto, que la mayor está pensando cambiar de universidad para estar más cerca de su hermana.

La verdad es que en mi proyecto de “grande” no estaba criar más hijos, así que por ahora observo. Un dia de estos  me tomo una  vacación, vendré de visita si se puede, hasta que las “ninitas y su papá” terminan de crecer.

La soledad es mala compañera.



Mis amigas, las ultraindependientes siempre defienden la maravilla de vivir solas, de disfrutar de su espacio y decidir lo que quieren, sin consultar a nadie.

Yo amo la soledad cuando soy yo la que la escoge. Cocinar para mi, bailar sola o  viajar sin compañia es algo que no me gusta y  espero no tener que hacer otra vez.

Cuando recien me divorcié me vine a Estados Unidos con un contrato de trabajo excelente. Llegué a Miami, me dieron un apartamento  bello,  todo lo que necesitaba estaba allí: el  trabajo, el auto, la casa, todo pagado por los primeros seis meses.

Me encantaba el silencio, mi espacio, la  soledad, todo bonito, todo en su sitio. Grite y lloré de alegria al abrir la puerta de aquella casita hermosa incluida en mi contrato.

Era como la Barbie, sólo me faltaba el cabello y cuerpo de la muñequita, lo demás estaba, tenía todo para ser felíz.

Pasarón los dias y llegar a mi casa  era una tortura. Venía de otro pais a ocupar una posición ejecutiva y eso no le gustaba a nadie, por eso, por un tiempo no tuve amigos.

Sólo para no regresar a mi casa de muñecas, en donde nadie me esperaba, trabajaba hasta que se iba todo el mundo.

De esa experiencia, que por fortuna duró sólo un año, me quedó claro que si tengo que cocinar  para mi sóla, como queso y pan. Bailar entre mujeres, es decir sóla, me  incomoda; hay quienes  lo hacen, yo no. Tampoco me gusta viajar sóla, lo hice una vez y juré que nunca más, porque hacerlo significa : comer solita,  salir sin compañia, ver sin poder comentar y nada de eso me atrae.

Busque amigos o amigas para que sea usted la que decida cuando quiere o no compañia.

Sí, éramos novios...



El amor no tiene edad el mio llego a los 55 años. Lo conocí en un bar y desde entonces  amanece conmigo, es el que me inspira y me apoya, el que me consuela y me quiere.

Nuestra primera cita, fue eso, un primer encuentro para vernos de dia y sin que el piano o la gente se interpusieran entre nosotros. Es músico y al principio nos veiamos esporádicamente en Red Head, un bar famoso de Chicago, en donde se consigue de todo: romance, alegría, música y muchos borrachos.

Aquel primer encuentro, quería que fuera en territorio conocido. Escogí un restaurant, cine  bowgling que está cerca del Navy Pier.

Como soy  grande, prefiero mantener el misterio, por eso aquel dia no hubo ni besos ni abrazos. La primera cita fue una entrevista de trabajo, en donde le  pregunté de todo a ver si le daba el puesto.

Con el tiempo me ganó y yo me lo gané a él, fue un largo romance.

Pasaron los meses y seguîamos así, según él sin saber lo que éramos, por eso organizó una cita distinta. Me daría un beso, me llevaría a un lugar diferente, donde él conocía al dueño y por supuesto le darian trato especial, tanto a él como a mi.

Disimulé para no cortarle la inspiración, no sólo yo  conocía el lugar, a los mesoneros y al dueño, sino que era lugar de encuentro mio y de mis compañeros después de salir del trabajo.

Al llegar me recibío mi hijo, uno de los meseros,  apareció el encargado, y otros amigos, desde la barra me lanzaron un besito, llegó Vicente Serrano gritando y nos abrazamos.

Mi John, no olvida aquella noche, cuando descubrió que en el “Ibérico” todo lleva ajo, que va mucha gente, que tenía un hijo “grande” y que sí éramos novios.

Para el “ex” que amamos una vez



A Claudia se le murió el ex-marido. Cuando me lo contó estaba triste y apagada: “no puedo trabajar” – me dijo–, lloré toda la noche.

Me quedé en silencio y pensé en mi “ex”, en cómo me sentiría si ya no estuviera, Ay no, que triste sería!.

Recordé al que fuera mi primer amor, los momentos bonitos que viví con el durante 25 años.

Pensé en mis hijos y en el dolor que les causaría la pérdida. Se me salió una lágrima. De pronto quise saber de  él, saludarlo, preguntarle por su salud y su vida, que supiera que a pesar del divorcio, de nuestros errores e inmadureces, nuestra vida juntos había sido bonita.

No sé si les pasa a ustedes,  pero con los años, los “exes”, se vuelven como hermanos, como hijos, uno les desea lo mejor, porque los quiere.

Cada vez que visito mi pais, trato de ver a mi “ex”, conversamos rico con cariño y sin malicia, creo que los “exes” somos inofensivos.

Que distinto a lo que haría Susana, si su ex-marido partiera.

Se separó hace 10 años y todavía tiene rabia; le sigue la vida como si fuera la propia y lo insulta a distancia cada vez que puede.

Se quedó estancada en el dolor, por eso le desea lo peor. No se ha vuelto a enamorar y se le nota: se le ve seca y sin alegría.

Yo creo que  después de una separación  tenemos que olvidar, perdonar, movernos rápido hacia la vida, darnos permiso para  empezar y volver a encontrar motivos para existir.

Una noche extraordinaria.



En una de esas noches heladas de Chicago, camino hacia mi  casa me llamó la atención, ver a una señora linda esperando el autobus.

Como si fuera mi propia abuela, le pregunté si quería que la llevara a su casa, vivía muy cerca, pero le daba miedo resbalar ante la nevada que ya empezaba a caer,  por eso decidió esperar el autobus.

Aquella fue una noche extraordinaria para Rose. Había ido  al bingo y ganó. Tomó transporte público sóla por primera vez, y  como si fuera poco,  ahora regresaba a casa en compañia de un par de desconocidos mi amigo y yo.

Cuando la dejamos  buscaba sonriente las llaves en su bolso, parecía una adolecente después de hacer una travesura. Me lanzó un beso y me hizo señas para que me fuera, se sentía segura.

Cuando caminaba hacia mi carro, escuche un quejido y un golpe seco, voltié y la abuelita yacía en el piso, en silencio, con los ojos abiertos, mirando sin mirar hacia el infinito.

Desesperados buscamos ayuda en aquella calle sin gente, y mientras  mi amigo le daba respiración  boca a boca llamé al 911.

 En minutos llegaron bomberos y  ambulancias y como si fueramos delincuentes nos acribillaron a preguntas.

Que dificil fue explicar quién era ella, quienes eramos nosotros y por qué tratabamos de ayudarla.
Se la llevaron en la ambulancia y nosotros nos quedamos con la sensación de abandono.

En la madrugada, cuando finalmente me quedé dormida, sonó el teléfono, era la nieta de Rose, que buscaba consuelo y me pedía a gritos que le contara lo que le había ocurrido.

Fuí a conocerla.

Entonces supe que la abuelita tenía 84 años, que su nieta le había prometido que la llevaría al bingo, pero no llegó.

Aquella noche extraordinaria Rose quería salir y lo hizo, jugó y ganó, después de tantas emociones juntas, se dió el permiso para descansar.